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Un tercio de nuestra vida la pasamos durmiendo. A la edad de 60 años, 20 de ellos los habremos dormido. Es lo que más hacemos, día a día, noche tras noche, así que cualquier problema durante el sueño, nos afecta cotidianamente, tanto de noche, como de día, condicionando muchas veces nuestra vida, porque las funciones del sueño son importantísimas para nuestro organismo.

El sueño representa una función vital por ser:

Dormir bien o mal es tan importante como llevar una buena alimentación. Tanto a nivel físico como psicológico, un mal descanso tiene consecuencias negativas sobre el cuerpo y el cerebro, además de que favorece el desarrollo de enfermedades.

La calidad del sueño

Un sueño de calidad es un sueño continuo, sin despertares y sin fragmentación a lo largo de la noche. Es importante asumir que la cama es únicamente para dormir, evitando realizar actividades de vigilia como ver la televisión o comer. Así, se establece una rutina del sueño que incluya hábitos que favorezcan la conciliación y el mantenimiento del sueño.

Si se tienen dificultades para dormir, es recomendable salir de la cama y volver a los 15-20 minutos, la razón de esta recomendación es que, si se permanece en la cama despierto, no solo se incrementan la frustración y el nerviosismo, sino que el cerebro aprende que en la cama se puede estar despierto y por tanto se amplifica el insomnio.